Desde el amanecer hasta la puesta del sol, el musulmán que ayuna no come, no bebe y no tiene relaciones conyugales. El ayuno enseña también a evitar la mentira, la ira y la murmuración. Al atardecer, rompe el ayuno con dátiles y agua y comparte comidas con la familia y los vecinos. En las mezquitas se hacen unas oraciones nocturnas especiales llamadas tarawih, y los musulmanes recitan más Corán, porque fue revelado por primera vez en este mes.
El ayuno enseña empatía hacia quien pasa hambre y gratitud por todo lo que normalmente damos por sentado. Los niños, los enfermos, los viajeros, los ancianos y las mujeres embarazadas, que amamantan o que tienen la menstruación están dispensados o pueden recuperar los días. Ramadán termina con la fiesta de Eid al-Fitr, con una oración especial, caridad y un banquete familiar.